Formarse como diseñadora de interiores no siempre responde a un camino lineal. En el caso de Andrea Ibárcena, su vocación nació mucho antes de cualquier título: empezó en casa, observando a su madre elegir alfombras, cuadros y objetos con un gusto natural que transformaba los espacios. Aunque inicialmente estudió Administración en la Universidad de Lima, el diseño siempre estuvo presente como una certeza latente.
Esa inquietud la llevó a Milán, capital mundial del diseño, donde cursó un programa intensivo de diseño de interiores en el Instituto Marangoni. Allí no solo adquirió herramientas técnicas, sino también una mirada global: convivió con estudiantes de distintas culturas y entendió que el diseño cambia según el contexto, las costumbres y la forma de habitar en cada país.
La experiencia italiana fue decisiva. Milán le permitió comprender el diseño como industria, tendencia y lenguaje. Visitar ferias como el Salone del Mobile y recorrer showrooms de grandes casas de diseño amplió su visión sobre materiales, colores y, especialmente, iluminación, uno de los ejes que hoy más la inspiran.
De regreso en Perú, Andrea inició su etapa profesional con proyectos en proceso y aprendizajes muy claros. El primero fue el cuarto de su sobrino, una experiencia que la enfrentó por primera vez a proveedores, tiempos y decisiones reales.

Diseñar con identidad propia
Aunque su carrera recién empieza a materializarse, la diseñadora de interiores ya identifica su sello: una predilección por los tonos marrones, la mezcla de neutros con patrones y la búsqueda constante de equilibrio visual. Su proceso creativo parte siempre del cliente, de entender cómo quiere sentirse en cada ambiente antes de pensar en formas o colores.
Para ella, diseñar no es imponer un estilo, sino traducir emociones en espacios funcionales y estéticos.
Sueña en grande: diseñar tiendas, trabajar con marcas reconocidas, expandirse fuera del Perú y, eventualmente, tener su propia tienda de diseño. Convencida de que hay espacio para todos, cree que el verdadero diferencial está en la esencia personal.
En un mundo donde el diseño de interiores se integra cada vez más al lifestyle, Andrea Ibárcena apuesta por una propuesta sensible, ordenada y profundamente humana.