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Entrearbolesperú: Sembrar futuro

Desde 2017, EntreÁrbolesPerú trabaja por una Lima más verde, combinando técnica, comunidad y compromiso empresarial. Publicado: 23 de marzo de 2026

En una ciudad donde el gris domina el paisaje y el verde es un privilegio, dos amigas decidieron que regalar un árbol podía convertirse en un acto de transformación. Así nació EntreÁrbolesPerú, en 2017, impulsado por dos mamás que, además de emprender, querían dejar una huella real en el lugar donde viven. Ocho años después, el proyecto no solo sigue en pie: ha plantado más de 28 mil árboles y ha demostrado que la sostenibilidad puede convertirse en cultura.

Lima es una de las capitales más desérticas del mundo. Esa realidad fue el punto de partida. “Nos preguntamos por qué no ofrecer a las personas y a las empresas una manera distinta de hacer regalos y, al mismo tiempo, contribuir a metas ambientales y sociales”, explican. La respuesta fue simple, pero poderosa: plantar árboles en nombre de alguien.

MÁS QUE UNA CIFRA

Veintiocho mil árboles no son solo un número para el ecosistema urbano. En términos reales, representan entre 280 y 560 toneladas de CO₂ capturadas anualmente en su etapa inicial. En una década, esa cifra podría superar las 1,000 toneladas al año.Pero el impacto no se limita al carbono: la intervención en zonas urbanas reduce entre 2 °C y 5 °C la temperatura en áreas específicas, mejora la calidad del aire, disminuye el ruido y fortalece la biodiversidad.El equivalente es claro: entre 25 y 45 hectáreas adicionales de cobertura verde. Más sombra. Más hábitat para aves y polinizadores. Mayor valorización urbana. Y, sobre todo, mejor calidad de vida.

PLANTAR CON CRITERIO

Para EntreÁrbolesPerú, la forestación responsable no significa sembrar sin planificación. Cada intervención comienza con un análisis técnico del suelo, la disponibilidad hídrica y la viabilidad de mantenimiento a largo plazo. En una ciudad desértica como Lima, el rigor es indispensable.Trabajan únicamente con especies nativas o adaptadas —como el tecoma, el molle serrano o el molle costeño— que consumen poca agua y cuyas raíces son compatibles con la infraestructura urbana. Los árboles se plantan con aproximadamente 1.5 metros de altura, lo que garantiza mayor supervivencia y menor mantenimiento.En estos años han desarrollado más de 30 proyectos en Lima Metropolitana, Cañete, Santa María del Mar y Gocta, siempre mediante convenios formales y seguimiento constante.

EMPRESAS QUE SIEMBRAN CULTURA

Uno de los mayores aprendizajes del proyecto ha sido comprobar que el sector corporativo puede convertirse en aliado estratégico. Empresas automotrices, textiles, clínicas, hoteles y estudios de abogados forman parte de esta red verde que integra la forestación a su cultura organizacional.Las campañas son personalizadas: aniversarios corporativos, compensación de huella ambiental, programas de fidelización, homenajes o iniciativas vinculadas al ahorro de agua y consumo responsable. Cada acción puede traducirse en un árbol plantado.“Plantar un árbol en nombre de alguien crea una conexión real y un valor que trasciende el tiempo”, sostienen. Más que una acción simbólica, se convierte en una herramienta concreta de responsabilidad ambiental.

EL CAMBIO PENDIENTE

Sin embargo, el mayor desafío sigue siendo cultural. La falta de educación ambiental, el consumo excesivo y el desperdicio de recursos son barreras que no se resuelven únicamente con jornadas de plantación.Por eso, cada intervención incluye participación comunitaria y educación práctica: compostaje, reutilización de agua y seguimiento del crecimiento de los árboles.“El cambio cultural es tan importante como la plantación misma”, afirman. Porque sembrar sin conciencia es apenas el inicio.

MIRAR MÁS ALLÁ

Hoy, EntreÁrbolesPerú no solo proyecta ampliar su impacto local. Han desarrollado un modelo de franquicia adaptable a otros países, con el objetivo de replicar esta experiencia en distintos contextos urbanos.Su propósito es claro: vivir en una ciudad más verde, limpia y saludable. Y, aunque el gris aún predomina en Lima, cada árbol plantado es una declaración de intención. Una forma concreta de decir que el cambio no es utopía, sino trabajo constante.Porque, a veces, transformar una ciudad comienza con algo tan simple —y tan potente— como sembrar.

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