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Fiorella Montellanos: el arte de no elegir un solo camino

Música, diseño y emprendimiento conviven en una misma voz creativa que entiende el arte como un territorio sin fronteras. Publicado: 13 de febrero de 2026

La creatividad no siempre responde a una sola disciplina. Para algunas artistas, nace del cruce constante entre lenguajes, emociones y necesidades personales. En el caso de Fiorella Montellanos, la música fue el punto de partida, pero nunca el límite. La inquietud, la energía y el aburrimiento frente a lo único la empujaron naturalmente a explorar otras ramas del arte, entendiendo que todas —en algún momento— se conectan.

La música abrió la puerta. El diseño la expandió. Y el emprendimiento le dio forma concreta a una visión que necesitaba materializarse. Así nace un proceso creativo que no responde a tendencias, sino a una necesidad profunda de expresión. No siempre verbal: muchas veces son las piezas, las colecciones, los sonidos y los gestos los que comunican aquello que no se dice con palabras.

«El arte tiene miles de ramas y, cuando te gusta crear, todas terminan uniéndose».

La creatividad como forma de vida

Fiorella construye cada proyecto desde una conexión emocional y espiritual. El blues, el jazz, la salsa y la herencia familiar aparecen como hilos invisibles que sostienen su identidad creativa. No se trata de buscar inspiración afuera, sino de observar con atención lo que la vida va mostrando. Viajes, ciudades, vínculos y etapas personales la inspiran profundamente.

Emprender en moda también implica aprender a soltar el control, y eso Fiorella lo aprendió con FMO’D, su firma de ropa. A medida que esta fue tomando forma, trabajar con equipos, gestionar personas y atravesar conflictos se volvió parte del proceso creativo. En ese camino, su mayor lección fue entender que no todo depende de uno mismo y que la empatía es tan importante como la disciplina para sostener un proyecto en el tiempo.

El mensaje final es claro: Fiorella invita a mantenerse curiosos, mirar hacia las raíces, valorar el arte local y confiar en la propia visión. Porque cuando el arte se vive —y no solo se ejecuta— la versatilidad deja de ser un riesgo y se transforma en fortaleza.

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