Cuando se habla de grandes vinos, la referencia suele apuntar a etiquetas europeas o a potencias consolidadas de Sudamérica. Sin embargo, el mapa vitivinícola comienza a reconfigurarse y el Perú empieza a ganar protagonismo con propuestas que destacan por su calidad y carácter. En ese escenario, Intipalka se posiciona como uno de los nombres clave de esta transformación.
La línea premium de Bodegas Santiago Queirolo ha logrado que 15 de sus 19 etiquetas superen los 90 puntos en la más reciente evaluación del crítico Tim Atkin, uno de los referentes más influyentes del sector. Más que un reconocimiento puntual, se trata de un hito que confirma la madurez y evolución del vino peruano en el escenario internacional.

15 etiquetas de Intipalka superan los 90 puntos y consolidan un hito para el vino peruano.
El logro no es casual. Asia Sur llegó al valle de Ica para conocer de cerca el origen de estos resultados. El recorrido inicia en el Hotel Viñas Queirolo, punto de partida de una experiencia que combina paisaje, técnica y tradición. Bajo un sol intenso, los viñedos revelan el trabajo detrás de cada botella.
Luis Gómes, enólogo de la bodega, explica que el camino no ha sido inmediato. Comprender los tiempos de cosecha y adaptarse a las condiciones locales ha sido uno de los mayores desafíos. “El aprendizaje es constante”, señala, destacando que la evolución del vino peruano responde a un trabajo sostenido en campo.
Las condiciones del territorio son determinantes. Mientras Ica presenta limitaciones hídricas, zonas como Cañete ofrecen suelos pedregosos y mayor disponibilidad de agua, lo que influye directamente en la calidad de la uva. Esta lectura del entorno ha permitido optimizar procesos y elevar el estándar de producción.

Luis Gómes, enólogo De Santiago Queirolo.
Identidad y técnica
Más allá de la técnica, la apuesta de Intipalka se centra en construir una identidad propia. La exploración de uvas patrimoniales surge como una estrategia clave para diferenciarse frente a variedades internacionales, evitando comparaciones directas con otros países productores.
A ello se suma una fuerte influencia de la escuela francesa, visible en el uso de barricas, tipos de tostado y tiempos de crianza. El objetivo: lograr vinos más equilibrados, complejos y expresivos. Esta combinación de tradición europea y adaptación local define el perfil actual de la marca.

Reconocimiento internacional
Uno de los aspectos más destacados de los recientes puntajes es el reconocimiento a las variedades patrimoniales. Todas ellas han sido evaluadas, pero la que alcanzó la mayor calificación fue el quebranta, un vino rosado elaborado a partir de esta emblemática uva peruana, tradicionalmente utilizada en la producción de pisco.
Este resultado refleja el trabajo técnico y creativo del enólogo, desde el manejo en campo hasta la vinificación, logrando transformar una uva pisquera en un vino con identidad propia. El quebranta destaca por sus características únicas y su complejidad, lo que lo convierte en una propuesta innovadora dentro de la categoría.
El reconocimiento no solo pone en valor el potencial de esta variedad, sino que también abre nuevas oportunidades para posicionar al Perú, tanto en el mercado local como internacional, a través de sus uvas patrimoniales.

El vino N1 alcanza 94 puntos y se posiciona entre las etiquetas peruanas más destacadas.
El 2023 marcó un primer acercamiento clave: fue la primera vez que Tim Atkin visitó el Perú, donde pudo conocer de cerca la industria vitivinícola local, incluyendo los vinos de Intipalka. Aunque en esa ocasión los resultados fueron discretos, la más reciente visita —realizada a inicios de este año— ha traído motivos de orgullo para la marca.
Tim Atkin, Master of Wine —una distinción que poseen alrededor de 420 expertos en el mundo— se dedica principalmente al periodismo especializado y es reconocido por sus guías internacionales, en las que recorre distintos países evaluando vinos y otorgando puntajes junto con comentarios críticos.

Tim Atkin, Master of Wine.
En esta última evaluación, Intipalka presentó 19 vinos, de los cuales 15 obtuvieron más de 90 puntos. El puntaje más alto fue para el vino N°1, una etiqueta que históricamente ha destacado en catas y evaluaciones internacionales, reafirmando su consistencia y calidad.
Para la marca, alcanzar este nivel de reconocimiento representa un doble impacto. Por un lado, valida ante el consumidor la calidad de sus vinos, respaldada por una de las voces más influyentes de la crítica vitivinícola mundial. Por otro, abre nuevas oportunidades en el ámbito comercial, tanto en mercados internacionales como a nivel local, facilitando el interés de distribuidores y fortaleciendo su posicionamiento.
En ese sentido, los puntajes no solo funcionan como un indicador de calidad, sino también como una referencia de lo que el mercado valora, convirtiéndose en una herramienta clave para proyectar el crecimiento y la aceptación de los vinos peruanos, comenta Piero Fumagalli, gerente de marca.

Piero Fumagalli, Gerente de marca.
Una industria en transformación
El caso de Intipalka refleja un momento clave para la vitivinicultura peruana. La industria avanza hacia la innovación con microvinificaciones y proyectos de alta gama, orientados a producir vinos de menor escala pero mayor valor agregado.
Este reconocimiento internacional no solo posiciona a la marca, sino que redefine la percepción del vino peruano en el mercado. Hoy, el país comienza a competir con referentes como Argentina, Chile o España, respaldado por resultados concretos y una propuesta cada vez más sólida.
La experiencia en Ica deja una conclusión clara: detrás de cada etiqueta hay un proceso de aprendizaje, adaptación y búsqueda constante. Intipalka no solo celebra un puntaje, sino la consolidación de un camino que sitúa al Perú en la élite del vino mundial.

Más allá de los puntajes, el verdadero valor está en el camino recorrido: la combinación de territorio, técnica e identidad. Nuestro país empieza a escribir su propia historia en la vitivinicultura, con propuestas que invitan a ser descubiertas y, sobre todo, reconocidas.