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Los 25 años de Sergio Dávila: oda a los Andes

El diseñador peruano se ha convertido en sinónimo de identidad peruana. Sus diseños, profundamente espirituales y teñidos de historia, han desfilado ante el mundo sin perder el eco de esa inspiración que solo la mujer andina le otorga. Publicado: 6 de julio de 2025

Cuando Sergio Dávila piensa en los Andes, piensa en siluetas. Piensa en aquella forma de puma que dicen que tiene Cusco cuando se le mira desde lo alto. Piensa en la fuerza de la mujer andina, y en un sombrero que, lejos de ser solo un accesorio, está cargado de solemnidad. A 25 años de iniciar una travesía que lo llevó hasta las principales capitales del diseño internacional, Dávila regresa a nuestro país para presentar “Cusco Alta Moda 2025”, su tercer desfile en la ciudad imperial, que celebra su carrera y su visión, aquella que ve a la moda como puente entre continentes, tiempos y cosmovisiones. Aunque, además del éxito en pasarelas internacionales, ha logrado posicionar se entre los cinco mejores diseñadores de Alta Moda Femenina 2024/2025 por The Fashion Group International de Nueva York, para Sergio, la cima de su montaña está en volver a Perú y hacer lo que mejor sabe: que los ojos del mundo volteen a vernos.

DE CUSCO PARA EL MUNDO

“Esta es la tercera vez que presento una colección en Cusco”, cuenta Dávila, con la serenidad de quien sabe que está exactamente donde debe estar. “Lo había hecho antes con ‘Cholitas Fashion’ y con ‘Rainbow Mountain’. Ahora, vuelvo con algo más íntimo, más elevado, más mágico”. La nueva colección ha recibido el nombre de “Camino a Machu Picchu” y se trata del primer desfile concebido des de el principio como “alta costura”. A cada una de las piezas se le anteponen ocho meses de trabajo a más de 3,000 metros de altura, entre telares, fibras peruanas y una visión artística sin igual. Y es que Dávila no solo se inspira en la silueta de la mujer andina, si no que la reinventa, revaloriza y otorga el reconocimiento que merece. No solo como musa, si no como parte activa de sus colecciones. “Todo está hecho con manos peruanas, pero además con mu cho amor y mucho espíritu”, adelanta.

LA MODA COMO ACTO DE PERTENENCIA

En los últimos años, Sergio ha regresa do con fuerza al Perú, como si sus travesías en Estados Unidos, París e Ibiza hubieran sido solo parte de un gran arco narrativo. “Viví muy cerca de Ralph Lauren, Calvin Klein y Tommy Hilfiger. A ellos los conozco y admiro su trabajo, pero siento que yo soy la versión pe ruana”, afirma. Dávila agradece a la moda estadounidense por las herramientas, pero basta escucharlo hablar para saber que fue la identidad peruana la que le dio sentido. Ese “bagaje cultural”, al que hace referencia cuando se le pregunta por su inspiración, no es ornamento: es estructura, ADN, lenguaje propio. Por ello, ve con admiración como las grandes capitales han logrado tener un estilo de moda nacional, objetivo que ya se ha trazado en Cusco.

“Me fascina Cusco, me sigue sorprendiendo y tiene todo el potencial para convertirse en una capital de la moda. Muchas de las técnicas que uso son ancestrales. Mis prendas conquistan por ser de excelente calidad y de fibras peruanas. Creo que conquistarían a cualquiera que ama el detalle”

Presentar sus colecciones en Cusco no es una casualidad. Es un gesto poético y estratégico. “Vi el desfile de Fendi en la Muralla China cuando era estudiante y eso me inspiró. Quiero que mis clientes y amigos convivan con el universo Sergio Dávila. Que conozcan de dónde vienen las fibras y entiendan qué hay detrás de cada prenda”, resalta. Así, sus pasarelas en la Ciudad Imperial son espacios vivos, espirituales y de una rica conexión con la cultura, sin dejar de lado, su papel como referente de la moda. Sabe que sus dos tiendas en Cusco le permiten que, incluso después del desfile, pueda seguir desarrollando una experiencia inmersiva en el universo de su marca y que esta sirva como puente para que turistas de todo el mundo conozcan el enorme potencial de la moda nacional.

“Así como hay gente amante de la gastronomía que viene a comer en un buen restaurante, también vienen a ver moda peruana. Tenemos la responsabilidad de mostrar lo mejor”.

LA MEMORIA COMO MUSA

Celebrar 25 años implica mirar atrás y Dávila lo hace con gratitud. Menciona a su hermana, Ada, piedra angular en la fundación de la marca: “Yo hacía los dibujos, ella era diseñadora gráfica. Me ayudaba a interpretarlos y mandaba a fabricar la ropa desde Perú. Estuvo con migo 15 años. Su estilo de vida era par te del ADN de la marca”.

También recuerda su aporte a la moda norteamericana, en particular la trans formación del tejido de punto en sportswear, lo que lo hizo merecedor del Rising Star Award en 2008. “Yo ve nía haciendo eso desde 2002. Y creo que esa fue mi contribución a la moda de Estados Unidos. Ya cumplí con Nue va York, con las ciudades donde crecí como diseñador”, destaca.

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