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Beneai: Moda, memoria y Amazonía

El colectivo Beneai es el resultado de la unión creativa entre Ani Álvarez-Calderón y su hija Arianne Carrillo, quienes, junto a artesanas shipibo-konibo, han construido una marca que honra la memoria y las técnicas ancestrales. Publicado: 25 de enero de 2026

Esa idea se consolidó cuando, junto a su madre, la reconocida diseñadora Ani Álvarez Calderón, ambas volvieron a mirar hacia el arte kené, la técnica ancestral de las comunidades shipibo-konibo, para transformar el arte peruano en moda. Ani había trabajado años antes, alrededor de 2016, en una colección inspirada en dichos patrones, y Arianne siempre había sentido fascinación por la simbología detrás de ellos. Sin embargo, fue recién en 2021, al trabajar directamente con las artesanas de Ucayali, que comprendieron que ese lenguaje visual sería el alma de su emprendimiento. Ahí nació Beneai.

Arianne recuerda su infancia transcurrir entre telas, bocetos y colecciones inspiradas en la Lima antigua y el mundo incaico. Ahí, sin darse cuenta, aprendió que la moda podía ser un lenguaje para contar historias.

Años después, tras estudiar Diseño de Modas en Parsons y regresar a Lima, Arianne se reencontró con ese universo creativo que había marcado su niñez. Fue entonces cuando madre e hija, casi sin planearlo, empezaron a dar vida a un proyecto conjunto. No buscaban simplemente lanzar una marca, sino construir una propuesta que uniera arte, identidad y propósito.

Madre e hija construyen Beneai como un proyecto que une creatividad, tradición y un profundo respeto por la Amazonía peruana.

EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA ALIANZA AMAZÓNICA

El acercamiento a las artesanas no solo les permitió conocer de cerca el proceso del arte kené; también les reveló la fragilidad de una técnica cuya existencia depende de que sea transmitida de generación en generación. En muchas comunidades, el interés de las nuevas generaciones se estaba perdiendo, y eso despertó en ellas un compromiso claro: colaborar no solo desde lo estético, sino desde la preservación cultural.

Esa relación se convirtió en una alianza creativa. Los textiles de Beneai son elaborados a mano, utilizando tintes naturales extraídos de plantas, cortezas y frutos amazónicos. Cada pieza es un proceso lento: un solo textil puede tomar hasta cuatro meses. Ese tiempo se vuelve parte fundamental del valor emocional de la prenda.

La colaboración también generó un cambio inesperado pero valioso: cada vez más jóvenes de las comunidades han vuelto a interesarse por aprender la técnica. Lo que comenzó con madres ahora se extiende a hijas de 20 años que ven en este trabajo una forma de mantener vivo su legado.

LA FUERZA CREATIVA DE TRABAJAR EN FAMILIA

Aunque ambas comparten la dirección creativa de la marca, sus roles se complementan de manera natural. Ani se ocupa de la dirección artística general, mientras Arianne se enfoca en la identidad de Beneai, la narrativa y el desarrollo de textiles. La dinámica entre las dos fluye de forma orgánica: hablan de la mujer que usa sus prendas, imaginan en qué ocasión las llevará, qué formas la favorecen y qué tipo de pieza puede acompañarla durante años.

El proceso también está atravesado por su vida diaria como madre e hija. Comparten clóset, intercambian prendas y reinventan piezas que una y otra usan en distintos momentos. Muchas de las siluetas de Beneai nacen justamente de esa convivencia: de observar cómo una prenda funciona en diferentes generaciones, cuerpos y estilos.

En esa experiencia, ambas encontraron una forma de crear moda atemporal, pensada para durar y para heredarse. Su visión se refleja en su rechazo a diseñar según tendencias efímeras. Para ellas, una pieza debe tener significado, raíz y permanencia. Debe sentirse como un pequeño tesoro que trasciende estaciones.

Los textiles kené, elaborados por artesanas shipibo-konibo, se convierten en el corazón de cada colección: piezas únicas que pueden tomar hasta cuatro meses en completarse.

EL FUTURO DE BENEAI

Este año, el colectivo presentó dos colecciones que marcaron un punto de madurez para la marca. La primera, Itia, se inspiró en la palabra “tiempo”. A través de textiles que reflejan distintos momentos de luz y oscuridad en la Amazonía, retoman figuras centrales del arte kené —el jaguar, la anaconda y el colibrí—, explorando cómo la naturaleza amazónica se convierte en símbolo, ritmo y memoria.

Meses después, presentaron Itunia en el Latin American Fashion Summit en Miami. Esta colección se concibe como una reflexión sobre la relación entre identidad, espíritu y forma. Las flores, los pétalos y la delicadeza de las plantas amazónicas fueron su eje visual. Como novedad, ambas comenzaron a escribir poemas que acompañan cada prenda, ampliando la narrativa de cada diseño y reforzando la sensibilidad artística que comparten.

Tras cuatro años de crecimiento, la marca se prepara para un nuevo salto: ingresar al mercado europeo con dos proyectos en desarrollo. Para ellas, expandirse no implica alejarse del origen, sino llevar el arte kené y la historia de las artesanas a nuevos públicos.

Beneai es, ante todo, una historia familiar. Para Ani, representa la posibilidad de compartir su mundo creativo con su hija. Para Arianne, es la manera de honrar todo aquello que vio desde niña y transformarlo en un proyecto propio. En conjunto, es una forma de tender puentes entre generaciones: las de su familia y las de las comunidades amazónicas.

El colectivo no solo es una marca de moda; es un territorio en el que madre e hija encontraron un lenguaje común para contar quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde quieren caminar juntas.

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