Por Daniella Bejarano Sangama.
Hay artistas que interpretan historias. Y hay otros que las viven, las encarnan y las convierten en puente. Emilia Drago pertenece a este segundo grupo. Aunque el público la conoce principalmente por su trayectoria como actriz, la danza —especialmente la danza peruana— ocupa hoy un lugar tan protagónico como el teatro o el cine en su identidad artística.
“El baile se ha convertido en algo complementario a mi lado como actriz”, explica. Pero no se trata solo de sumar disciplinas. Para Emilia, bailar es una forma de reconectar con su peruanidad, con sus raíces y con una herencia cultural que siente urgente preservar. Lo que empezó como una pasión paralela hoy se consolida como una apuesta consciente por la gestión y difusión cultural.
“VÍVELO CONMIGO”: UN PROYECTO CON PROPÓSITO
Hace casi tres años creó “Vívelo Conmigo”, un proyecto cultural que nació con el objetivo de promover festividades y danzas tradicionales del Perú. En un inicio, el formato fue digital: pequeños programas en YouTube que mostraban celebraciones como la Virgen de la Candelaria. Sin embargo, el contacto con estas fiestas despertó algo más profundo.
“Sentí la necesidad de llevar esa experiencia en vivo”, cuenta. Así nació el espectáculo “Vívelo Conmigo: danza, música y peruanidad”, una puesta en escena que reúne a más de 40 bailarines y 10 músicos, y que no solo presenta danzas tradicionales, sino que también narra parte de su historia personal. “A través de mi vida vamos construyendo juntos una identidad”, explica.
El show, que regresó el 12 de marzo al Teatro NOS, se consolida como una propuesta que ha sorprendido incluso a la propia Emilia. El año pasado fue nominado a dos premios como obra musical, un reconocimiento que la tomó por sorpresa. “Nos preguntábamos cómo así un espectáculo de peruanidad podía estar nominado como musical. Fue muy emocionante”.

CULTURA CON INVERSIÓN (Y CONVICCIÓN)
Si bien el deseo de llevar el espectáculo fuera de Lima es claro, el reto es económico. La magnitud del show implica inversión, logística y apoyo privado. “Es un espectáculo grande, caro. Sin empresa privada es muy difícil sacarlo a otras ciudades”, señala con honestidad. Y ahí surge una reflexión más amplia: la necesidad de un mayor compromiso empresarial con la cultura.
Aun así, la intención se mantiene firme. Emilia no habla desde la queja, sino desde la convicción. Su objetivo es claro: que las nuevas generaciones no pierdan el vínculo con sus tradiciones. “Me inspiran mucho mis hijas, mis sobrinos. Ver cómo se emocionan cuando ven una danza me mueve profundamente”.

EL RETO FÍSICO Y EMOCIONAL
El espectáculo exige una preparación intensa. Dura una hora y media, y Emilia no abandona el escenario en ningún momento. Baila diez danzas consecutivas. “Es uno de los mayores retos físicos que he asumido”, reconoce. Entrena al menos tres veces por semana y ha desarrollado una conciencia corporal mucho más rigurosa tras años de lesiones.
Pero más allá del esfuerzo físico, lo que la sigue ilusionando es la conexión con el público. “No sé si transformar es la palabra, pero sí entrar un poquito en el corazón de alguien y dejarle algo bonito”. Esa emoción previa a salir al escenario no ha desaparecido con los años; al contrario, se ha profundizado.
EQUILIBRIO REAL
Compatibilizar actuación, danza y proyectos propios no es sencillo. Sin embargo, Emilia reconoce que el verdadero equilibrio no está en lo profesional, sino en casa. Madre de dos hijas, entiende que su rol familiar exige tanto compromiso como el artístico. “Ahí es donde el equilibrio es más complejo”, admite. Pero también afirma que cuenta con una red sólida y un trabajo en equipo con su esposo que le permite sostener ambos mundos.

MIRAR HACIA ADELANTE
De cara al futuro, Emilia quiere seguir desarrollando espectáculos culturales que valoren la peruanidad desde el escenario. No pretende abarcarlo todo, sino profundizar en aquello que realmente la mueve: la danza como expresión identitaria. “Mi forma de valorar mi cultura es a través del baile”, dice con claridad.
En tiempos donde lo global tiende a uniformarlo todo, Emilia Drago apuesta por recordar de dónde venimos. No desde la nostalgia, sino desde la celebración. Porque para ella, bailar no es solo un acto artístico. Es un acto de memoria.