Antes de ser un restaurante, EZZEM fue una mesa larga. Un espacio donde la comida no solo alimentaba, sino que reunía, cuidaba y daba sentido a los encuentros. “El primer recuerdo no es un plato puntual, sino una mesa familiar donde la comida siempre fue el centro de todo: conversaciones, celebraciones, risas”, recuerda Úrsula Mohanna, cofundadora del proyecto. Esa memoria —profundamente emocional— es el punto de partida de EZZEM, un restaurante que nace del deseo de transformar un recuerdo íntimo en una experiencia compartida.
El proyecto se construye desde un vínculo tan poderoso como poco común: madre e hija creando juntas. En ese diálogo constante, la madre se convierte en la guardiana de las recetas heredadas y del relato familiar, mientras Úrsula aporta una mirada contemporánea, conceptual y sensible al presente. “Ha sido un proceso de

complemento y aprendizaje mutuo”, señala. Esa conexión atraviesa toda la experiencia del local: desde la cocina hasta la forma de recibir, hay cuidado, equilibrio y una calidez difícil de fingir.
RAÍCES DEL MEDIO ORIENTE QUE DIALOGAN CON LA LIMA DE HOY
La propuesta gastronómica de EZZEM se nutre de herencias libanesas, palestinas y sirias, reinterpretadas sin perder su esencia. En una ciudad como Lima —abierta, curiosa y profundamente conectada con lo emocional de la comida—, esta cocina encuentra un terreno natural. “Traer estas raíces al presente es una forma de mostrar una cocina que muchas veces se conoce de manera parcial, y hacerlo desde un lugar honesto, sin disfrazarla”, explica Mohanna.
Más que platos aislados, EZZEM propone una experiencia que honra el tiempo y la memoria. Preparaciones que evocan grandes banquetes familiares, como aquellos previos a celebraciones importantes, donde varias generaciones se reunían en la cocina durante horas. Esa cocina colectiva, hecha con paciencia y dedicación, es el corazón de la propuesta.
Aquí, la tradición no se interviene por tendencia. “El corazón del plato no se toca; se acompaña”, afirma Úrsula. Lo contemporáneo aparece en la presentación, en la atmósfera y en la experiencia integral. Todo se cocina desde cero, respetando sabores originales y técnicas transmitidas por generaciones.
A esto se suman los platos de temporada: creaciones disponibles por tiempo limitado que funcionan como capítulos breves dentro de la carta, invitando a descubrir EZZEM una y otra vez antes de que esas recetas desaparezcan.
Comer en EZZEM es sentarse a una mesa que no es propia, pero se siente familiar. Es llevarse algo más que sabor: una sensación de cuidado, identidad y memoria compartida. Un recordatorio de que la comida, cuando nace del legado, también puede convertirse en hogar.