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La nueva carta de María Mezcal

Esta temporada, María Mezcal traslada su festivo concepto a uno de los destinos de veraneo más concurridos de la sociedad limeña: el Boulevard de Asia. Publicado: 2 de febrero de 2026

En el barrio de Miraflores, en Lima, existe un bar donde la música, el mezcal y la cultura mexicana funcionan como un lenguaje común que activa la memoria afectiva latinoamericana. María Mezcal es una mezcalería y cantina contemporánea pensada como espacio de encuentro, catarsis y celebración, donde la nostalgia, el ritual y el disfrute compartido son protagonistas. Y este verano 2026, por primera vez, se suma un pop-up en las playas del sur de Lima.

Esta temporada, María Mezcal traslada su festivo concepto a uno de los destinos de veraneo más concurridos de la sociedad limeña: el Boulevard de Asia, ubicado a 97.5 kilómetros al sur de Lima, y presenta el pop-up: La casita de la Doña en Asiapulco.

Desde su apertura en el 2021, María Mezcal se ha convertido en un lugar que convoca noche a noche a distintos grupos de amigas atraídas por una experiencia que ya se ha vuelto referencia en la ciudad. En diciembre el bar lanzó su nueva carta, titulada “Me nace del corazón”, un evidente tributo a uno de los temas más emblemáticos del gran cantautor mexicano Juan Gabriel. Como en el menú, la música atraviesa toda la experiencia y se convierte en hilo conductor del relato.

La música es un pilar fundamental de María Mezcal. Las canciones que suenan en el bar forman parte del imaginario colectivo latinoamericano: rancheras, baladas, boleros; temas que atraviesan generaciones. Este repertorio, cuidadosamente curado, genera un fenómeno poco habitual en los bares: el canto compartido.

La música actúa como un lenguaje común y convierte el espacio en una verdadera catarsis colectiva. Mujeres que no se conocen cantan juntas, activando una memoria emotivo-corporal profundamente arraigada en la cultura latinoamericana. Aunque mediado por siglos de historia y por la modernidad, el acto de cantar colectivamente entre mujeres sigue funcionando como ancla identitaria y comunitaria. En las culturas prehispánicas, los cantos femeninos no eran mero entretenimiento, sino rituales esenciales ligados a la transmisión de saberes ancestrales, a la celebración de la vida y a la reafirmación de la existencia. De manera casi intuitiva, María Mezcal lo trae al presente.

María Mezcal reactiva una función social ancestral: crear un espacio seguro donde la emoción compartida —el despecho, la nostalgia, la euforia— permite reconocerse y pertenecer.

La carta de María Mezcal está pensada como un recorrido emocional. Organizada en rituales, celebra el inicio, el compartir y el antojo, con una propuesta de coctelería centrada en el mezcal y una cocina mexicana auténtica, cuidada y sabrosa, diseñada para compartir entre amigas.

Los tragos se presentan como personajes y relatos. Muchas de las figuras que habitan el menú nacen del universo de las telenovelas latinoamericanas, reforzando el cruce entre cultura popular, humor y memoria afectiva. Entre ellos, El Club de las Villanas, con creaciones como el Soraya Montenegro, elaborado con tequila reposado, licor de cassis, limón criollo y ginger beer.

La carta de bebidas es extensa y diversa: incluye cócteles clásicos, Rituales de Celebración como Mi Primera Vez, un rito de iniciación al mezcal, o Trajinera de Xochimilco, un servicio de tequila blanco para compartir, acompañado de sales especiales y cítricos, presentado en una barcaza inspirada en las coloridas trajineras mexicanas.

Para los más conocedores, la propuesta se completa con La Pizarrita, una cuidada selección de mezcales traídos especialmente para el bar desde rincones menos conocidos de México.

La propuesta gastronómica acompaña este espíritu festivo y colectivo. Pensada para compartir, ofrece una variedad de tacos y platos tradicionales, con destacados como las carnitas —panceta de cerdo mechada con pico de gallo en tortilla de maíz—, quesadillas y elotes asados con queso rallado y salsa de cilantro. Una cocina directa, sabrosa y sin artificios, que invita al antojo y al encuentro.

María Mezcal ha logrado algo poco frecuente en la escena nocturna: construir una fiel comunidad principalmente femenina que se encuentra, se reconoce y vuelve. Un bar que traduce en experiencia un código compartido que atraviesa la cultura latinoamericana, y que se vive, se canta y se celebra desde el corazón.

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