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Mara Rodríguez y el camino hacia la cima del jiu-jitsu

Con solo 13 años, la atleta de jiu-jitsu brasileño Mara Rodríguez ya compite y gana en escenarios internacionales. Desde Canadá, entrena a diario con un objetivo claro: superarse y llevar la bandera peruana a lo más alto. Publicado: 30 de enero de 2026

Por: Anghy Covarrubias Medina

El talento, cuando se cultiva con disciplina, encuentra su propio camino. Entre entrenamientos diarios, viajes constantes y una determinación extraordinaria para su edad, Mara Rodríguez avanza con firmeza en el jiu-jitsu brasileño. A los 13 años, ya se perfila como una de las jóvenes promesas del circuito internacional.

Mara entrena y vive en Montreal, Canadá, pero su identidad está profundamente ligada al Perú. Cada vez que entra al tatami, lo hace con la certeza de que no compite solo por una medalla: también lo hace para representar a un país que forma parte de su historia y de sus sueños.

Un camino construido con disciplina

Mara comenzó a entrenar jiu-jitsu brasileño hace apenas tres años. Hoy, su nombre ya figura en los podios de torneos como IBJJF y ADCC, las organizaciones más prestigiosas de este deporte a nivel mundial. Subcampeona del Campeonato Europeo Kids IBJJF 2025 en Roma, ganadora de múltiples Open en Estados Unidos y Canadá, y destacada competidora en torneos Gi y No-Gi, su crecimiento ha sido tan rápido como sólido.

Pero, más allá de los títulos, Mara entiende algo esencial para cualquier atleta de alto nivel: el proceso es tan importante como el resultado. “Antes me enfocaba solo en ganar. Hoy entiendo que cada entrenamiento, cada error y cada aprendizaje forman parte del camino”, cuenta con una madurez que sorprende para su edad.

Esa evolución no es solo técnica. Es mental, emocional y humana. El jiu-jitsu, un deporte que exige estrategia, paciencia y control, se ha convertido también en una escuela de vida.

Representar al Perú en todo el mundo

Competir en Canadá, Estados Unidos y Europa no es solo una experiencia deportiva; es una responsabilidad. Para Mara, representar al Perú es un honor que asume con orgullo, incluso viviendo lejos. “Cada vez que entro al tatami siento que llevo conmigo a mi país y a todos los que creen en mí”, afirma.

En un contexto donde el deporte peruano necesita referentes jóvenes y nuevas historias de inspiración, la de Mara destaca por su autenticidad. Hay trabajo, sacrificio y una convicción silenciosa que se expresa en cada combate. “El jiu-jitsu me ha enseñado a ser disciplinada, empática y perseverante en todos los aspectos de mi vida. También me recuerda que la constancia y el esfuerzo, con el tiempo, dan frutos”, agrega.

El rol de la familia: un equipo detrás de la atleta

Detrás de cada atleta joven hay una familia que sostiene, acompaña y cree. En el caso de Mara, ese apoyo es fundamental. Su padre, Manolo Rodríguez, lo tuvo claro cuando ella empezó a pedir más días de entrenamiento, más horas, más exigencia. Hoy, la dinámica familiar gira en torno a competencias, viajes y planificación, pero también a algo más profundo: el respaldo incondicional.

“Funcionamos como un equipo”, cuenta Manolo. “Compartimos sacrificios, objetivos y alegrías. Y eso nos ha unido muchísimo”. Desde su mirada, el mayor regalo del jiu-jitsu para su hija ha sido la seguridad en sí misma, la calma y la confianza con la que enfrenta incluso a las mejores del mundo.

Más allá del tatami

Cuando no está entrenando, Mara es una adolescente como cualquier otra. Disfruta del tiempo en familia, de sus amigas, de viajar, del cine, de YouTube y de jugar Roblox. Le encanta la comida peruana y valora esos momentos cotidianos que la mantienen con los pies en la tierra.

Esa combinación —disciplina extrema en el deporte y una vida equilibrada fuera de él— es parte de lo que la hace especial.

Soñar en grande, con apoyo real

Mara tiene metas claras para el 2026: ganar el Pan Kids y el European Kids de IBJJF, competir con fuerza en torneos ADCC Open e IBJJF en Estados Unidos y, ojalá, hacerlo algún día en Perú. A largo plazo, su gran sueño es alcanzar el cinturón negro, símbolo de constancia, madurez y compromiso.

Para que ese camino continúe creciendo, el respaldo adecuado resulta fundamental. Que las marcas acompañen a atletas como Mara no significa únicamente apoyar un proyecto deportivo, sino apostar por una formación basada en disciplina, constancia y compromiso, valores que trascienden el tatami y se proyectan al mundo.

Sumar esfuerzos a historias como la de Mara Rodríguez es creer en el talento joven peruano y contribuir a la creación de referentes que inspiren a nuevas generaciones a soñar en grande. Porque algunas medallas brillan, pero hay historias —como la suya— que brillan aún más.

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