Hay regresos que no son geográficos, sino internos. Para Nicole Favre, volver al Perú no es simplemente un cambio de ciudad o de agenda; es un movimiento profundo, casi simbólico. Después de varios años en México trabajando con una disquera internacional, la artista regresa a casa con nuevas canciones, una identidad más definida y una claridad emocional que atraviesa todo lo que hoy crea. “Mi regreso representa un renacer en muchos sentidos”, afirma. Y no es una frase ligera: detrás hay duelo, aprendizaje y una decisión consciente de volver a mirarse desde otro lugar.El retorno también tiene un matiz personal inevitable. Tras la reciente pérdida de su padre, Nicole sintió la necesidad de estar cerca de su madre, de su familia y de aquello que la sostuvo desde el inicio. “Hay algo muy poderoso en volver a casa cuando estás atravesando procesos importantes”, confiesa. México le dio libertad, herramientas y una mirada más amplia de la industria, pero también le mostró cuánto necesitaba reconectar con el público que la vio empezar hace nueve años. “Quiero mirarlos a los ojos, cantarles de cerca y recordar por qué empezó todo”.
México: el lugar donde se encontró
Si Lima fue la semilla, México fue el laboratorio. Llegar a un país donde nadie la conocía la obligó a empezar de cero, a valerse por sí misma y a cuestionar cada decisión artística. “Allá me encontré como artista”, resume. Encontró su sonido, entendió qué la movía creativamente y dejó de intentar hacer lo que “debía” para seguir más su intuición. Fue también un proceso íntimo y transformador: enamorarse por primera vez de una mujer y permitirse vivir su verdad sin miedo marcó un antes y un después en su historia personal y musical.Esa experiencia cambió su manera de entender la industria. Haber estado firmada con una major label le abrió los ojos sobre el funcionamiento real del negocio. “Estar en una disquera grande no significa éxito inmediato”, dice con honestidad. Aprendió que el respeto se gana, que la disciplina es constante y que la humildad es el único ancla cuando todo parece moverse. Lleva casi una década construyendo su carrera sin atajos ni escándalos, apostando por un camino más lento, pero coherente con sus valores.

Un disco que nace desde la verdad
Su nueva etapa musical se traduce en un disco que irá revelando poco a poco: un proyecto que vuelve a sus raíces sonoras —pop, R&B y EDM— con claras influencias de los 90 y 2000, pero cantado en español y atravesado por su historia reciente. “Son las canciones más reales que he hecho”, asegura. Durante los últimos tres años escribió desde la emoción inmediata, llevándose al estudio lo que sentía en el momento. Amores que terminan, silencios necesarios, descubrimientos personales y nuevas formas de querer conviven en un repertorio que no busca perfección, sino honestidad.
Conexión antes que espectáculo
Sobre el escenario, Nicole ya no busca solo que la escuchen. Quiere que el público se sienta dentro de sus canciones. “Quiero que se note que soy humana, que me pongo nerviosa, que me emociono”, explica. Esa vulnerabilidad es, para ella, el verdadero diferencial en un mercado saturado de tendencias y algoritmos. Después de años entendiendo cómo funciona la industria digital, decidió dejar de intentar encajar para construir su propio universo creativo. Su propuesta hoy mezcla nostalgia pop con producción contemporánea y una narrativa íntima que se aleja del personaje inalcanzable.

Un regreso que es comienzo
Su vuelta al Perú llega acompañada de nuevas presentaciones, lanzamientos musicales y apariciones públicas que marcan oficialmente su comeback. Sin embargo, más allá de la agenda, lo que Nicole busca es que esta etapa se recuerde como su renacimiento. “Si tuviera que ponerle una imagen, sería la del ave fénix”, dice. No reniega de sus inicios; los abraza. Pero hoy se permite menos miedo y más claridad. Sabe mejor qué quiere cantar, qué no está dispuesta a negociar y desde dónde quiere construir.Nicole Favre vuelve distinta, pero fiel a su esencia: con más conciencia, menos prisa y una convicción que atraviesa cada palabra y cada nota. A veces, para encontrarse, hay que irse lejos. Y para seguir creciendo, saber volver.