A veces, los grandes retos comienzan con una segunda oportunidad. Para Valeria Brigneti, la natación volvió a su vida cuando menos lo esperaba y terminó convirtiéndose en una disciplina capaz de llevarla mucho más lejos de lo que alguna vez imaginó. Hoy, la nadadora peruana suma travesías internacionales como la Vuelta a Manhattan y el cruce del Estrecho de Gibraltar, mientras se prepara para perseguir uno de sus mayores sueños deportivos.
Brigneti comenzó a nadar a los nueve años y practicó este deporte hasta los 15. Durante esa primera etapa participó en algunos campeonatos, pero posteriormente dejó completamente la natación durante 26 años. A los 40 años fue sometida a una cirugía de cadera debido a un cuadro de artrosis y recibió una prótesis. Como parte de su recuperación, su médico le recomendó volver a nadar.
Así, a los 41 años retomó una actividad que había quedado en pausa durante más de dos décadas. Al principio entrenaba por su cuenta, pero decidió incorporarse a un equipo para establecer una rutina y darle mayor disciplina a su preparación. Poco después comenzó a participar nuevamente en campeonatos de piscina, donde obtuvo buenos resultados.

De la piscina a las grandes travesías
Tras mudarse a México, Brigneti conoció a Nora Toledano, entrenadora de reconocidos nadadores de aguas abiertas, entre ellos el peruano Eduardo Collazos, y comenzó a entrenar bajo su metodología. Este nuevo entorno le permitió conocer las historias de deportistas que habían cruzado canales y mares, experiencias que despertaron en ella la idea de intentar retos que hasta entonces consideraba imposibles.

El primer gran desafío llegó con la Vuelta a Manhattan. Para realizar esta travesía tuvo que postular y, una vez aceptada, inició una preparación de aproximadamente ocho meses. Finalmente completó el recorrido en nueve horas, una experiencia que no solo disfrutó, sino que también abrió la puerta a nuevos objetivos.
El desafío de cruzar el Estrecho de Gibraltar
A diferencia de su experiencia en Manhattan, donde las condiciones del río Hudson representaron un importante desafío físico, Gibraltar implicó enfrentarse a un entorno completamente distinto, marcado por la inmensidad del mar, las corrientes, la profundidad y el tránsito de embarcaciones.
Para Brigneti, el componente mental adquiere un peso fundamental en este tipo de retos. La preparación no se limita a las horas de entrenamiento dentro del agua, sino que incluye alimentación, coaching deportivo y el desarrollo de la capacidad para reaccionar ante las distintas situaciones que pueden presentarse durante una travesía.

En el Estrecho de Gibraltar, compartió el desafío con otros tres nadadores: el peruano Rubén Vereau, con quien ha entrenado para este reto y comparte las mismas metas que Valeria. la argentina Mariana Díaz y el mexicano Sebastián Hermosillo. Los cuatro debían mantener un ritmo similar durante el recorrido y permanecer juntos. Después de una preparación conjunta, lograron completar la travesía y llegar juntos a Marruecos, convirtiendo el reto en una experiencia colectiva.
Una historia que trasciende el deporte
Más allá de las distancias recorridas, la historia de Brigneti está marcada por una idea que hoy considera fundamental: las limitaciones muchas veces pueden ser autoimpuestas. Su regreso a la natación después de una cirugía de cadera y más de dos décadas alejada del deporte transformó la manera en que entiende sus propias posibilidades.

“Yo creo que uno mismo se pone las limitaciones en la vida, No hay edad para hacer lo que siempre soñaste”, afirma la nadadora, quien considera que la prótesis de cadera, lejos de significar el final de su actividad deportiva, terminó devolviéndola a una disciplina que hoy disfruta y agradece.
Ahora, el siguiente gran objetivo ya está definido. Brigneti sueña con cruzar el Canal de la Mancha, uno de los desafíos más exigentes de la natación en aguas abiertas. Aunque todavía evalúa si intentará cumplirlo el próximo año o dentro de dos, tiene claro que será uno de sus mayores retos deportivos.